Pautas metodológicas


La educación sobre el Holocausto requiere unas orientaciones didácticas. Se sugiere tener en consideración los siguientes puntos metodológicos:

 

1-Entender el significado del Holocausto.

El Holocausto hace referencia a una tragedia en el si de la historia de Europa y de la humanidad: el asesinato sistemático y burocrático de 6.000.000 de niños, mujeres y hombres judíos por la dictadura nazi y sus colaboradores durante la Segunda Guerra Mundial. Su carácter único y su significación universal han hecho que su enseñanza esté incorporada a los centros educativos de los países europeos.

Por esta razón, es una equivocación mencionar el Holocausto de pasada como si fuera un epifenómeno de la Segunda Guerra Mundial. Hace falta entender que hubo dos hechos diferenciados. Por un lado, la Segunda Guerra Mundial y la expansión territorial nazi. Por otro, el Holocausto y el genocidio del pueblo judío. Una muestra: no es lo mismo la Wehrmacht (el ejército alemán) que las SS (organización responsable del exterminio nazi).

 

2-Explicar que la Shoah no es una hecho casual, sino que tiene causas.

El hecho que el Holocausto haya afectado sobretodo al pueblo judío no es fruto de la casualidad. Hay causas que condicionaron que fuera el colectivo principal objeto de persecución. Así pues, hace falta explicar que el antisemitismo es el prejuicio que fue determinante en la obstinación de perseguir al pueblo judío. Hace falta ser conscientes que las causas de la Segunda Guerra Mundial (un conflicto bélico) no son las mismas que las del Holocausto (un genocidio).

 

3-Evitar las respuestas simples ante una historia compleja.

El estudio del Holocausto plantea interrogantes difíciles sobre el comportamiento humano e implica, frecuentemente, respuestas complejas sobre el por qué sucedieron los hechos. Hay que ser cuidadosos en las simplificaciones. Hay que permitir que los estudiantes prevengan  los diversos factores que condujeron hacia el Holocausto y procurar no reducir la historia a uno o dos desencadenantes sin considerar los otros factores. Eso si, también hay que ser cuidadoso a la hora de valorar la relevancia de los diferentes factores que produjeron la Shoah.

 

4-Fijarse en el hecho de que sucediera no significa que fuera inevitable.

Frecuentemente, a los estudiantes les llega la visión simplista de que el Holocausto era inevitable. Ciertamente, sin la historia bimilenaria de la judeofobia difícilmente el pueblo judío habría sufrido tanta obcecación del nazismo. Pero la Shoah no era la consecuencia lógica e inevitable de siglos de antisemitismo. La Shoah pasó porque en pleno siglo XX los individuos, las organizaciones y los estados tomaron decisiones para actuar o para no actuar. Si nos centramos en estas decisiones, se puede favorecer el pensamiento crítico de los estudiantes y la naturaleza de los seres humanos.

 

5-Huir de las comparaciones de dolor.

Durante el estudio de las diversas colectividades víctimas de la persecución nazi, es recomendable no caer en la comparación del sufrimiento entre ellas. El sufrimiento no se puede comparar. No se puede decir que el horror de un individuo, de una familia o de una comunidad destruida por los nazis fue superior al sufrido por otras víctimas o víctimas de otros genocidios.

 

6-Explicar la intolerancia con ejemplos concretos.

En el momento de enseñar el Holocausto hace falta entender las diferentes políticas realizadas por el régimen nazi hacia diversos grupos de gente. Huir de las comparaciones del dolor de las víctimas no nos tiene que hacer caer en el paradigma de eludir las comparaciones en la diferente obsesión del nazismo para sus víctimas. Aquí lo que se compara no es el dolor de las víctimas si no la acción de los agresores.

La persecución no se hizo con la misma planificación para todo el mundo ni con la misma intensidad. Porque el Holocausto no fue un exterminio en abstracto.

El nazismo no propició un odio indeterminado ni un exterminio indefinido, exento de intolerancias específicas. Las víctimas fueron perseguidas porque los nazis escogieron determinadas colectividades y se concentraron sobre todo en una en concreto. En 1945, dos de cada tres judíos europeos habían sido asesinados. En el mundo, se exterminó un tercio del pueblo judío. Por lo tanto, hace falta evitar la desjudaización del Holocausto, porque si sustraemos el hecho histórico que existió el genocidio del pueblo judío, entonces se convertiría esta tragedia en un suceso irreal.

 

7-Comunicar con un lenguaje adaptado.

La educación de la Shoah se puede poner en práctica des de muy joven, contrariamente a lo que se piensa en ocasiones. Eso si, siempre hay que comunicar con un lenguaje adaptado a la edad del alumnado. Por ejemplo, la visualización de las películas depende de la edad de la persona. Hay que son aptas para todos los públicos, pero otras no. Hay aspectos que solo se puede abordar a partir de cierta edad, pero educar sobre la Shoah se puede hacer des de la infancia, aunque los niveles de aprendizaje y el grado de comprensión son diferentes. Está ligado al hecho de si la enseñanza se hace en la educación primaria, en la secundaria i en el bachillerato, o si se hace en la universidad.

 

8-Procurar tener un lenguaje preciso.

La educación sobre la Shoah presenta múltiples matices  del comportamiento humano. A causa de la complejidad de la historia, se  tiende a la generalización y la distorsión de los hechos. Por ejemplo, diciendo: “Todos los campos nazis eran idénticos”, “todos los alemanes colaboraron”, o “fue una dictadura intolerante  contra todo el mundo por igual”. El profesorado tiene que esforzarse en ayudar al alumnado a distinguir entre las categorías del comportamiento y las referencias históricas relevantes, a aclarar las diferencias entre los campos de concentración y los campos de exterminio, la distinción entre la culpabilidad y la responsabilidad. Las palabras que describen el comportamiento humano tienen muchas veces múltiples significados y matices.

 

 

9-Considerar las distinciones de las fuentes de información.

Los estudiantes necesitan práctica para distinguir entre los hechos, las opiniones y la ficción. Entre las fuentes primarias y secundarias, y entre los tipos de evidencias tales como los testimonios y las historias orales, y otros documentos escritos.

El profesor y la profesora tienen que ayudarlos a distinguir y dirigir el análisis de las fuentes. Hay que interesar a los alumnos para que consideren por qué un texto concreto fue escrito, si hay vacíos en el discurso y cómo se utiliza la información para interpretar los diferentes hechos. No es lo mismo un documento escrito por un testimonio que otro  escrito por un historiador o historiadora.

 

10-Darse cuenta de los estereotipos cuando aparezcan.

Es importante en el trabajo dentro del centro educativo ver como se etiqueta y se retrata las minorías, porque tiene un impacto directo sobre cómo los estudiantes perciben estos grupos en su vida diaria. Se puede llegar a ver los grupos de gente como a iguales en actitudes y acciones. Hay que recordar a los estudiantes que aunque los miembros de un grupo pueden compartir experiencias y creencias comunes, no se debe hacer generalizaciones ni estereotipar los comportamientos del grupo. Ninguna comunidad puede ser reducida a una descripción unidimensional, menos aun cuando los tópicos son clichés negativos.

 

11-Educar en positivo.

La educación sobre el Holocausto no se reduce a la explicación de sucesos negativos. Para aprender es también necesario conocer las partes positivas. Como ejemplo, se puede exponer a los estudiantes las contribuciones positivas en el pensamiento y la cultura del pueblo judío. Este hecho ayuda a los jóvenes a entender la situación de los judíos más allá de ser víctimas de la Shoah y contemplarlos como personas en su globalidad, incorporando los aspectos positivos de sus vidas.

 

12-Saber que ofrecer una perspectiva descontextualizada de la historia para captar la atención de los estudiantes es contraproducente.

Uno de los riesgos es sacar de contexto aquello que sucedió para captar la atención del alumnado. La exactitud de los hechos tiene que ser prioritaria en el profesorado. Mostrar quien arriesgó sus vidas para salvar víctimas de la opresión nazi proporciona modelos útiles y positivos; pero como con todo, un énfasis excesivo en lo heroico conllevaría una descripción inexacta y desequilibrada, ya que no hubo una proliferación de Justos entre las Naciones que ayudaran a salvar a los judíos durante el nazismo.

 

13-Explicar las estadísticas, las fechas y las fotografías al alumnado.

En la enseñanza sobre el Holocausto, el número de estadísticas podría hacer perder el norte en la comprensión. Profesoras y profesores tienen que mostrar que detrás de la cronología, las estadísticas y las fotografías hay seres humanos con historias personales, familias, madres, padres, niños y niñas.

 

14-Mostrarse sensible en la elección del contenido escrito y audiovisual.

Una de las preocupaciones de los educadores es cómo presentar los horrores de la Shoah. El material gráfico tiene que ser usado con tacto. Esto no nos debe llevar a pensar que lo mejor sería esconder información u omitir imágenes. Significa, sencillamente, que hace falta tener en cuenta que cada estudiante y cada clase son diferentes y que lo que parece apropiado para unos puede no serlo para otros. Hace falta tener en cuenta la madurez personal, el nivel formativo y otras variables educativas.

 

15-Ir con cuidado ante el deslumbramiento del poder.

Entre algunos estudiantes puede haber la tendencia a glorificar el poder. Son estudiantes que pueden sentirse cautivados por los símbolos de poder y la propaganda nazi (por ejemplo, la esvástica, el lema nazi). Tenemos que recordar que el objeto de estudio no es Hitler ni el nazismo, sino la Shoah.

Los profesores tendrían que motivar a los estudiantes a evaluar críticamente y a aprender a denunciar la parafernalia nazi. Tendrían que animarlos a reflexionar cómo se puede abusar y manipular, a instancias de individuos, grupos y estados, para poner en práctica y legitimar actos de terror y el genocidio.


16-Reforzar los objetivos, ya que no es un tema más.

Como en todas las situaciones de la enseñanza, la obertura y el “cierre” (en el aula) de un aprendizaje son especialmente relevantes. Una introducción fuerte tendría que servir para motivar a los estudiantes, convertir a los estudiantes pasivos en activos y para propiciar un carácter reflexivo que anime a los estudiantes a formular preguntas, como sistema para aprender sobre la Shoah. Una conclusión fuerte tiene que acentuar la síntesis y tendría que motivar el considerar lo que la educación sobre la Shoah significa personalmente y como ciudadanas y ciudadanos de una democracia.

 

17-Aprender con creatividad y capacidad crítica, rechazando la enseñanza memorística.

Recordamos, también, que no estamos ante un tema para estudiar de forma memorística. Estimular la capacidad crítica e incentivar la creatividad son objetivos a alcanzar. Aquello importante a educar sobre la Shoah es facilitar un crecimiento personal mediante el aprendizaje.

 

18-Ensanchar la forma de aprendizaje.

Hay maneras de ensanchar las clases habituales en el aula, cuando educamos sobre el Holocausto. Podemos organizar la visita a una sinagoga, para conocer una comunidad judía, o bien visitar una asociación de republicanos en los campos nazis. Así mismo, se puede montar una charla coloquio para que la persona conferenciante pueda dar respuesta a interrogantes de los que a lo mejor desconocen las respuestas. También se pueden buscar otras alternativas de aprendizaje.

 

19-Educar de forma transversal es mejor.

La educación sobre la Shoah también depende de si se hace solamente des de una única área de conocimiento, o si se hace una educación interdisciplinaria, que comprenda la literatura, la historia, la ética, la música, la lengua, la filosofía, la religión, la geografía, el teatro, la informática y otras materias.

 

20-Trabajarlo en centros de interés.

La efectividad de la educación sobre el Holocausto varía si podemos trabajarlo por proyectos de trabajo o centros de interés. Depende de si las actividades educativas se hacen en una única clase, durante una jornada (por ejemplo, el 27 de enero, Día Mundial del Holocausto, declarado por la ONU), en el transcurso de una semana monográfica dedicada la Shoah, o a lo largo de un trimestre o todo un curso.